Más allá del tratamiento que uno elija al momento de
buscar ayuda para una enfermedad, es evidente la importante influencia del
factor psicológico en la efectividad del mismo. Independientemente de las
eternas contraposiciones entre medicina tradicional y no tradicional, el
vínculo que existe entre el profesional de la salud y la manera en la que
comunica el proceso al cual va a acceder el paciente, marcan la diferencia de
manera importante en la forma en la que el paciente puede comprender cómo
funciona su enfermedad, responsabilizarse de ella y diseñar un mapa de acción
que le permita caminar hacia un lugar de menor ansiedad y mayor calidad de
vida, independientemente de los pronósticos meramente médicos y los posibles
malestares a los cuáles deba enfrentarse.
Tener una enfermedad, cualquiera sea esta y su nivel
de gravedad implica enfrentarse a una devastadora incertidumbre que debe ser
abordada, acompañada y sostenida desde un apoyo psico-emocional acorde a las
características personales del individuo, su sistema de creencias, entorno
socio cultural y necesidades espirituales.
Creo profundamente en el poder transformador de la
conversación como elemento ineludible en este proceso de acompañar al otro para
encontrar las vías, las opciones de entender la enfermedad y aprender a hacer
algo con ella, más allá de simplemente etiquetarte con un diagnóstico médico,
psiquiátrico o incluso otros más volátiles y misteriosos provenientes del
pensamiento mágico, espiritual y tendencias new age, tan descontroladamente
abundantes en la actualidad.
La conversación puede estar apoyada por técnicas y
metodologías adicionales, sin embargo sigue siendo el tipo de conversación
mantenida el que producirá un efecto terapéutico a nivel psicológico y
emocional en el paciente. Existen muchas opciones y técnicas que funcionan,
pero a la final todas llegan al mismo lugar: incentivar la producción de un
tipo de conversación más profunda y estimulante que permita crear un estado
emocional y perceptivo diferente al que el paciente se encuentra anclado y en
el que probablemente está recreando, de manera viciosa, su situación de extrema
ansiedad, toxicidad emocional y frustración, al no encontrar soluciones frente
a este nuevo conflicto que se ha presentado llamado “enfermedad”.
Los seres humanos somos ante todo seres psicológicos,
la clave no necesariamente radica en solucionar el problema, obtener la
curación, sino en generar momentos en los que se pueda vivir emociones y
percepciones diferentes a simplemente “Estar, ser, tener una enfermedad”.
Pretender sanarse completamente es querer liberarse de
toda enfermedad y eso mismo ya podría ser considerado como otra enfermedad en
sí misma.
De una u otra manera todos estamos enfermos de algo,
puede ser físico, mental, espiritual, existencial, etc. De manera colectiva, la
sociedad y el mundo llevan ya algún tiempo agonizando de la enfermedad del
consumo absurdo, la pérdida de valores,
el poder, la ambición, la imagen, el estatus, el querer ganar más y más
y más a costa de la destrucción del entorno. Todos estamos sumergidos en medio
de estas enfermedades colectivas, por lo tanto, quién puede sacar a relucir un
estado de absoluta salud?
Esto no quiere decir que la curación o sanación no
existan, sino que existen muchos caminos por recorrer antes de lanzarnos ciega
y ansiosamente en busca de la “Salud”. Dicho sea de paso hoy por hoy se ha
convertido en un nuevo nicho de ventas para ser explotado por un marketing
despiadado y sin límites en el que ingenuamente se le vende al ser humano la
posibilidad de perfección y salud completa sin ningún tipo de elaboración
interna o aprendizaje acerca de lo que le ha llevado a perder esa salud.
Buscar en primera instancia la curación absoluta e
inmediata es desperdiciar el enorme poder de aprendizaje y desarrollo de
potencial que se encuentran detrás de las enfermedades, esas que andamos
correteándolas para curarlas, sanarlas a toda costa. Un mundo sin enfermedades
puede ser un lugar muy feliz y cómodo, así mismo un mundo con enfermedad es una
experiencia conflictiva en la que se produce un crecimiento continuo con
profundos avances a nivel individual y colectivo; crecimiento que de otro modo
jamás hubiera sucedido al permanecer en la zona de comodidad.
Desgraciadamente el ser humano no realiza cambios
trascendentes en su vida a través de su voluntad, simplemente no alcanza con
las buenas intenciones de la voluntad, enseguida botamos la toalla, rendimos a
medio gas, buscamos pretextos, exitosas estratagemas para volver a la
maravillosa zona de comodidad. Sólo cuando algo implacable, ajeno a nuestra
voluntad consciente, viene a movilizarnos hacia otros lugares reales y
simbólicos, hacia otros comportamientos, sentimientos y emociones, sólo así empezamos
a percibir una nueva forma de interpretar la vida, de ser y estar en el mundo,
generando mutaciones y transformaciones funcionales en uno mismo y en los
demás.
También es
cierto que a pesar de eventos implacables como la enfermedad u otras
situaciones difíciles, existen personas que siguen ancladas en una especie de
anquilosamiento psicológico de seguir siendo, haciendo y diciendo lo mismo de
siempre por los siglos de los siglos. En esos casos esa es su verdadera
enfermedad, la rigidez, la atrofia emocional, la falta de apertura a intentar
caminar afuera del mapa que nos trazaron los demás.
El saberte como agente transformador de tu propia vida
y la de los otros, te permite descubrir una nueva dimensión muy pragmática en
la que formas parte de una red que trasciende las expectativas individuales y
que ubica al dolor y al sufrimiento en un segundo plano; El primer plano viene
a ser ocupado por los procesos de transformación personal, de los otros, de la
especie humana.
Así la enfermedad se convierte en la exitosa
estrategia de la naturaleza para generar mejores seres humanos gracias a las
profundas transformaciones que estas producen en quienes se entregan a ella no
desde una posición de victimización y derrota pero sí ante un camino del cual
hay que aprender a recorrerlo, agudizando la atención para recoger los tesoros
y beneficios abundantes que existen en su recorrido.
El acompañamiento psicológico que propongo en relación
a la enfermedad tiene que ver con una aproximación absolutamente pragmática que
apunta a dejar de querer solucionar el conflicto y más bien convertir a ese
conflicto en otra cosa que le aporte sentido a tu vida; es crear un proyecto
que te permita mejorar tu calidad de vida a través de la transformación
individual orientada al servicio de los otros.
Esto tiene que ver específicamente con el
acompañamiento psicológico en los procesos de enfermedad, no tiene nada que ver
con pretender suplantar o peor aún recomendar determinados tratamientos de la
medicina alopática (convencional), holística, u otras propuestas terapéuticas.
Cada uno deberá encontrar el camino más responsable y efectivo para
diagnosticar y tratar su enfermedad.
Sintetizando un poco las reflexiones de este ensayo
sobre la enfermedad, puedo decir que antes que apurarte buscando “la sanación”,
encuentra la forma de, a pesar de tu enfermedad, funcionar de un modo en el que
nunca antes lo hayas hecho y que al hacerlo te aporte a ti y a los demás nuevas
opciones que antes no podías verlas, peor aún imaginar que existen.
El ser humano ante el conflicto pretende desterrarlo a
toda costa, desaparecerlo y si es posible hacer borrón y cuenta nueva. No sólo
que esto casi nunca ocurre sino que abordar el conflicto con esta actitud puede
producir mucha frustración, desperdicio de aprendizaje, todo por tener como
única opción el seguir manteniéndose en la misma zona de comodidad de siempre.
Tener una opción nos convierte en esclavos, tener dos opciones nos enfrenta a
un dilema, es a partir de la tercera opción que empezamos a ser libres, porque
ejercemos nuestro poder de decidir. Decidir el qué?, el cómo? y el para qué?
del tipo de vida que estemos dispuestos a seguir construyendo a pesar de
cualquier enfermedad, dificultad, situación o persona (s) conflictivas y
tóxicas que estén presentes en este mismo instante en tu vida.
Crear opciones frente al conflicto es usarlo a tu
favor y el de los demás, provocar crecimiento con aprendizajes y nuevos aportes
en las distintas áreas en las que te desempeñas en tu vida profesional y personal.
Puede ser algo incómodo, doloroso y con mucho sufrimiento; la nueva perspectiva
frente a esto implica desprenderse de la obsesiva idea de solamente cuidar la
salud y recuperar el equilibrio a toda costa, más bien cuidarlos
responsablemente sin poner en riesgo nuestras vidas y mientras tanto explorar y
utilizar los desequilibrios y enfermedades como senderos atrevidos, inhóspitos,
salvajes por donde ingresamos a caminar recogiendo información y aprendizajes
nuevos e innovadores que se convierten en la materia prima de cualquier tipo de
evolución individual, familiar y colectiva.
Todo esto te conducirá a que gradualmente empieces a
sentirte contento con la vida a pesar de las imperfecciones, malestares,
conflictos, enfermedades. Habrás hecho de tu maldición tu verdadera bendición
al asumirte, gracias a ello, como un agente transformador de tu vida y de la de
los demás. Te has convertido en un facilitador de la conciencia para la especie
humana.
Así el individuo saludable, equilibrado, pacífico,
integrado, alineado (si es que lo existe) queda reducido a una opaca imagen de
inercia en la que en el mejor de los casos su mayor aporte es una especie de
placer individual con muy bajo impacto positivo en las vidas de quienes le
rodean o incluso con un alto impacto negativo al convertirse en agente de frustración
y envidia para aquellos que no disponen de una vida tan “Maravillosa”.
Pero ojo, todo esto que he escrito no es la última
palabra, son tan solo reflexiones psicológicas de una mente inquieta a la que
le gusta compartir sus experiencias, dibujando y escribiendo sobre servilletas
usadas.
Que tengas un excelente día!
Quito, 08 de Noviembre del 2011.
Psic. Esteban Prado Saona.